domingo, 7 de agosto de 2011

Mi primer intento...


EDUCACIÓN Y TECNOLOGÍA: Un acercamiento inicial a sus conceptos, implicaciones y retos en la acción docente




Eloína Campos Jiménez[1]

“…a través de la educación y la formación adquiridas en el sistema educativo institucional, en la empresa, o de una manera más informal, los individuos serán dueños de su destino y garantizarán su desarrollo”

  
Comisión Europea, 1995


En el ámbito educativo, hoy en día resulta cotidiano hablar del uso de la tecnología en el aula; la dotación de computadoras a las escuelas, el programa Enciclomedia o el uso de aulas de medios son temas que aparentemente ya son de uso común entre los profesores, sin embargo ¿en realidad los maestros sabemos a qué refieren éstos y otras temáticas?, y más importante aún ¿tenemos claro qué implicaciones y retos representan para insertarlas en nuestras prácticas educativas? Sin pretender en lo absoluto agotar las respuestas a tales interrogantes, en las siguientes líneas apuntaré algunas reflexiones al respecto, producto precisamente de un primer acercamiento personal a esta cuestión desde una perspectiva de estudio que, pretendo, paulatinamente me haga tener una acción más consciente de mi quehacer profesional.

¿La tecnología en la educación o educación en tecnología?


Seymour Papert (1995) menciona una serie de consideraciones en torno a la presencia tan importante que tienen actualmente los medios tecnológicos en la vida cotidiana de los niños y jóvenes, a la vez que pone de manifiesto el rol tradicional que todavía conserva la escuela, en la que aún no se han generado del todo las condiciones para insertar estos recursos como herramientas eficaces para apoyar el proceso de aprendizaje de los alumnos. “…el ordenador [afirma], en cualquiera de sus muchas manifestaciones, ofrece ( ) nuevas oportunidades para elaborar alternativas reales”. (p.4)[i]. Entonces estamos hablando del uso de la tecnología en la educación.

Un término que considero necesario definir aquí al hablar de tecnología en la educación es el de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), el cual en palabras de A. García-Valcárcel (2009)[ii] refiere “al conjunto de tecnologías que permiten la adquisición, producción, almacenamiento, tratamiento, comunicación, registro y presentación de informaciones, en forma de voz, imágenes y datos contenidos en señales de naturaleza acústica, óptica o electromagnética.” De acuerdo con la autora, las TIC crean nuevos lenguajes y escenarios de aprendizaje que las instituciones educativas han de conocer y utilizar. 

En lo personal, me identifico con los aportes de ambos autores. Es un hecho indiscutible que las TIC existen y ocupan un lugar importante de las sociedades actuales y, si la escuela tiene como misión formar a las nuevas generaciones para la vida en sociedad, no puede ni debe mantenerse al margen de los avances tecnológicos actuales, más aún, requiere apropiarse de ellos para incorporarlos a las prácticas educativas cotidianas.

Ahora, lograr esa incorporación de las TIC al ámbito escolar resulta un proceso complejo, en el que el papel del docente es determinante; ¿los maestros sabemos cómo hacer un uso eficaz de la tecnología en el aula? O bien ¿necesitamos educarnos en el uso de esa tecnología?

En mi opinión, los maestros estamos en la segunda circunstancia; una parte importante de quienes estamos actualmente en servicio nos formamos como profesionales en una época en la que el uso de las TIC en la educación era algo desconocido o bien, incipiente. A diferencia de nuestros alumnos ahora, nosotros no crecimos con la tecnología siendo parte de nuestra vida cotidiana; por tanto, sí requerimos formarnos al respecto, conocer su aplicabilidad y saber ampliar y complementar con ellas nuestras prácticas educativas. Esta formación en el uso de las tecnologías va más allá del simple conocimiento técnico acerca de su funcionamiento, pero de ello hablaremos en el siguiente apartado.  

Entonces, ¿la tecnología en la educación o educación en tecnología? Yo diría que ambas concepciones son válidas, necesarias y complementarias entre sí, al menos en lo que nos corresponde a los maestros. Sólo si las concebimos como procesos concatenados e indisolubles podremos incorporarlas a nuestra práctica docente cotidiana.   


Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en la práctica docente: un desafío hoy presente

“Sin maestros, aulas virtuales en Estados Unidos” es el título de un artículo publicado en The New York Times el pasado 19 de enero[iii], el cual habla acerca de una reciente experiencia en escuelas secundarias de Miami, en las que se ha implementado un programa de aulas sin docentes; en cada sala hay un facilitador, encargado de asegurar el avance de los estudiantes y, a la par, atender los problemas técnicos que se pudiesen presentar. Estas aulas, denominadas Laboratorios de aprendizaje virtual, deben su establecimiento a una enmienda aprobada por el Congreso para reducir los grupos escolares en el estado de Florida, en 2002. El artículo de referencia incluye las opiniones de algunos de los alumnos, padres de familia y maestros quienes expresan sus dudas, malestar e incluso inconformidad por la aplicación unilateral de esta medida, mismas que han hecho del conocimiento de los funcionarios escolares que, sin embargo, afirman su permanencia. 

Inicié este apartado con la reseña de esta nota periodística porque considero que da pie a una interesante reflexión en torno al uso de las TIC en el aula, en este caso llevadas a un extremo en el que ya se prescinde del maestro y se deja todo el proceso de aprendizaje en el estudiante y el uso que éste hace de los medios informáticos. Además, pone el acento en otro punto importante: la enmienda a que hace referencia obedece a la búsqueda de alternativas para la reducción de los grupos escolares, es decir, detrás suyo existe una razón de insuficiencia en la estructura escolar para atender la demanda de estudiantes, pero no está tomando como punto central el aprendizaje de esos alumnos que, ahora se ha decidido, modifiquen su instrucción mediante una modalidad para la que no todos han recibido la debida información y formación y quienes tampoco la han elegido; bajo estas condiciones, ¿realmente podríamos considerarla una medida eficaz? Mi respuesta sería que no.

En la primera parte de este material hacíamos referencia a que en la actualidad resulta necesario y útil hacer uso de las TIC en el aula, un uso que vaya más allá de su simple inclusión y manejo técnico y que se convierta en un elemento más de las prácticas educativas de los docentes; lograrlo, en un proceso equilibrado que no se polarice al extremo opuesto como en el ejemplo enunciado líneas arriba, resulta una tarea con diversas implicaciones y múltiples retos, entre los que se pudiesen mencionar:

  • La necesidad de una formación integral de los maestros en el uso y aplicabilidad de las TIC en el proceso de enseñanza y aprendizaje.
  • La modificación de las concepciones tradicionales de enseñanza como proceso unidireccional, vertical e individual hacia su comprensión en términos de bidireccionalidad y horizontalidad, donde las acciones individuales y colaborativas se complementan y enriquecen entre sí.
  • La adopción de un rol docente como facilitador y mediador del aprendizaje.
  • Una actitud de apertura al cambio y de reflexión crítica sobre la propia práctica profesional.
  • Interés por desarrollar prácticas educativas innovadoras, las cuales no se garantizan de manera alguna por la presencia y uso de medios tecnológicos, sino en la medida en que éstos adquieren un sentido y utilidad pedagógica.

Si bien los elementos que pudiesen enlistarse serían numerosos y variados, la inclusión de los aquí mencionados obedece a un factor que, en mi opinión, es de crucial importancia: refieren a tareas y acciones que resultan intrínsecas al ser y actuar de cada maestro. Estoy convencida de que en cada uno de nosotros está abierta la posibilidad de hacer las cosas de manera diferente, de adecuar nuestro quehacer docente a las demandas y necesidades de los alumnos y de hacer de los escasos o suficientes medios tecnológicos con los que contemos, un medio eficaz para favorecer los resultados del acto educativo. El desafío es personal, la decisión de qué hacer ante él, también lo es.

  



[1]  Licenciada en Educación Preescolar; actualmente se desempeña como asesora técnica en la Coordinación Operativa de Educación Inicial de la Secretaría de Educación de Veracruz, participando en los procesos de capacitación y actualización de la estructura de supervisión, dirección y docencia de este nivel educativo, en sus dos modalidades de atención: Escolarizada y No escolarizada.





[i]  Papert, S. (1995). La máquina de los niños. Replantearse la educación en la era de los ordenadores. Barcelona: Paidós.
[ii]   García-Valcárcel, A. (2009). Educación y Tecnología. Universidad de Salamanca. Extraído el 4 de agosto desde http://web.usal.es/~anagv/arti1.htm
[iii]  Herrera, L. (2011). “Sin maestros, aulas virtuales en Estados Unidos” en The New York Times, 19 de enero. [Traducción de Mirta Rosenberg para La Nación, Buenos Aires]. Extraído el 5 de agosto desde http://rigofa2011.blogdiario.com/1295479582/


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